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A VECES, CUANDO TODO DUELE...

Este dolor desgarrador que no atiende ni quiere a razones, que se cuece en toda su inmensidad en mis silencios. Cuántas veces me gustaría gritar a esos silencios que se callen, que me dejen respirar. Pero no paran de recordarme el dolor que me rompe, me atraviesa y me dice que no merece la pena seguir.

Necesito descansar.

Las ausencias de mi ser más querido, aún estando cerca duele, todo lo que tengo duele salvo aquello que, posiblemente, no merezco.

Pero sobretodo duele mi soledad, donde la razón y las emociones hacen su propia fiesta caótica y me liquidan lentamente, sin tiempos de vuelta.   

Algún día, cuando diga adiós, tal vez me vaya tranquilamente, sin reproches, o con muchos seguramente, pero sin dejar que otros lloren por mí; sabrán que mi partida responde a un acto de legítima voluntad. 

Lo malo es que no podré arrepentirme después… Quizás sea lo mejor.

 

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