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EL RIESGO DE SOÑAR

Es verdad que cuando sueñas y la piel se tensa con las expectativas; cuando te sientes preparada para luchar por aquello en lo que crees; cuando cierras puertas para poder abrir ventanas, te arriesgas al fracaso de no llegar (a veces ni siquiera de poder arrancar), a la pisada sin huella, al vacío...

Y entonces piensas que lo mejor es dejarte llevar, que el mundo se mueva por ti y cuando te alcance te pille sentada, sin emociones que lo juzguen ni te erosionen.

Es verdad que cuando sueñas no asumes la otra cara de la moneda y cuando la realidad te la muestra lidias un torrente de contradicciones agotador. Y te sientas.

Pues sí, estoy en esos momentos en los que, de verdad, creo que es mejor no soñar.

Y escribir todo ésto, acompañada sólo del guiño del silencio, me hace sentir un poco inmune. 

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